jueves, 17 de noviembre de 2011

Dusseldorf

TENEMOS que ensayar las 1762 formas que tienen, de juntarse, nuestras manos.


Empezar desde el principio con las posturas más comunes
y terminar con esa sutil manera de agarrarse que  tienen aquellos que se tocan a diario,
despreocupada y ligera, con la cotidianidad de saberse seguros.

Para mí ese sería el último paso,  el examen más duro.
¡Cómo disimular mi atención sobre tu mano!
¿Cómo lograr reprimir el estremecimiento, que trepa por la espalda, al sentir tu piel cerca de la mía?
El calor de lo que está próximo, la perfección sin pixelar de la imagen que graban mis retinas.

Juguemos a entrelazar nuestros dedos, contando cada uno de los gestos, haciendo de la más mínima variación un paso a memorizar.

Busquemos nuestras posturas favoritas, palma con palma por la calle, agarrando tu pulgar al dormir, clavando en tus manos mis uñas cuando hacemos el amor.

Porque lo que es habitual, insípido e irremarcable para otros es, para mí, el mayor de los logros: la oportunidad de sentir el calor que emites cuando esas cerca de mi.

Dusseldorf
1 de Julio 2011

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